Estados del pensamiento #1

As long as the night continues, the shadow between my mind and my heart grows, contemplanting deep in the abyss of my memories, eating the light as fire the broken tree.

Before dawn and til dusk i will drink the picture of you, 15 years old, as warm and sweet coffee, reaching the night with the cold and bittersweet taste of my present self, brew to drown my hidden toughts, as the finest golden ale, numbing my view, forwarding to the closed cut.

But this is not the end, as long as there is blood in my veins, and marrow inside my bones, the vision of my ideal will not fade, turning the fall of the mother star in the dawn of the rest that this mind deserve, broken by the sharp touch of thousands of possibilities that crawl dowm the window of my soul like the river taking everything away.

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CRÓNICA DEL LLANTO DE LOS INOCENTES

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Abd Alkader Habak, fotografía tomada por colega, Alepo. 2017

5… niños rien 4… amigos conversan 3… los buses avanzan 2… “¿papá a que hora llegamos? tengo hambre” 1… “Ya falta poco hij…” Oscuridad. La macabra cacofonía a la que está acostumbrada Aleppo vuelve a hacer eco. Llantos, gritos y confusión invaden el convoy  al cual que el fotógrafo Abd Alkader Habak disparaba con su cámara.

Entre polvo y sangre, los sobrevivientes piden ayuda, Abd Alkader busca su cámara, tendida al lado de un cuerpecito que ya no buscaría el calor de los brazos de sus padres, entre cientos de cáscaras que ya no resemblan la forma humana la distópica pesadilla de cientos de refugiados se materializa en 126 almas perdidas.

Confusión y dolor son las tónicas que entre los sobrevivientes reina, dejando de lado el deber por la humanidad, Abd Alkader busca esperanza en el pulso del cuerpo más cercano, solo para recibir la amarga bofetada de la realidad que impone el odio y la división de los ideales disputados por rebeldes, terroristas y el gobierno sirio.

Un soplo de vida, corre, 7 años al borde del abismo que marca el límite entre este mundo y el otro. Entre brazos, sangre y cámara en mano corre hacia la sirena que llama para la salvación de quienes yacen entre los escombros metálicos y la carne calcinada, siendo retratado por colegas que aún debaten entre la profesión y la humanidad.

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Abd Alkader Habak, fotografía tomada por colega, Alepo. 2017

Siguiente, debe haber alguien más, siguiente, no hay lágrimas, siguiente, no hay aliento, siguiente, no hay pulso. No se puede más, la impotencia surge por borbotones de mis ojos acompañada del grito de dolor que responde a las 126 almas que no volverán a abrir los ojos, tirado en medio de la carretera.

Entre el humo y las sirenas llegan más socorristas para brindar la oportunidad de volver, por hoy termine, no puedo más, la desesperación invadió cada fibra de mi ser por la partida de quienes no merecían dar el último adiós aún. Aun cuando mi labor fuese retratar la realidad, la realidad me atrapó en entre sus garras.

Inspirado por quien dejo de retratar la realidad para entrar en su crueldad.

L.A.E. Off

*Imagen destacada AFP

La nostalgia de un sentimiento y una época

 

Con las libertades que permite la tinta y el papel, fue creada una de las tantas obras del estudio de animación japonés Ghibli, mostrando de una manera sencilla y a la vez muy cuidada la estética del Japón de los años 60, donde la renovación y el crecimiento industrial imperaban como la regla de oro para levantar la nación en la post guerra.

     Umi Matsuzaki, joven protagonista del largometraje, nos es presentada dentro de una casa llena de historia, ubicada en lo alto de una colina desde donde se aprecia un puerto donde cada día Shun Kazama le responde anónimamente a sus ondeantes pensamientos y suplicas sólo sujetas a la realidad por un mástil.

     Una narrativa propia del shojo (género romántico de manga dirigido a mujeres jóvenes), dramática pero tierna a la vez, es lo que le espera al espectador de dicha animación, en la que un lento storytelling avanza por la historia de forma cronólogica y predecible, pero, por la composición del movimiento lograr mantener la atención por cada una de las obras de arte, si es que puede llamarse así, a las escenas del film donde todo se mueve en una ciudad llena de vida.

     Y es que este el punto fuerte de la película, la cantidad de detalle y esfuerzos enfocados en el desarrollo del dibujo de las múltiples escenas a lo largo del largometraje, pareciendo en su mayoría piezas de arte hechas al óleo propias de una galería de arte.

     La facilidad que aporta el desarrollo de las escenas cuando es la animación el método de desarrollo del film, es enormemente aprovechada en la fotografía de esta película, utilizando no sólo reglas de encuadre básica sino rompiendo estás y saliéndose por la tangente para obtener resultados que enamoran aún al ojo inexperto.

     Con una historia que apela a los sentimientos, la juventud y la voluntad de seguir adelante, Kokuriko Zaka Kara (Desde la Colina de las Amapolas) es una de las tantas joyas estudio que nos brindó películas como “Mi Vecino Totoro” y “El Castillo Ambulante” qué derrochando talento en la estética de la obra ha logrado cautivar a los amantes de la animación nipona.

     La primera vez que vi esta cinta, recuerdo que me enamoré de los fondos que parecían hechos con acuarelas y de una historia que cualquiera con un poco de calidez en su pecho desearía poder experimentar, y cada vez que repito la experiencia, descubro un detalle nuevo, un deseo nuevo por reescribir la novela que se me ha dado por camino; para caminar al lado de la chica de las banderas.

L.A.E. Off

(El último párrafo lo escribí escuchando a Bunbury jajaja…)

El primer paso a la inmortalidad

Iniciando con la premisa del vouyerismo, Christopher Nolan presenta el film que le valió el reconocimiento de la crítica y la industria. Demostrando cualidades natas para un storytelling que atrapa al espectador, el director nos presenta un protagonista con un vacío que no le permite plasmar en papel lo que su mente y alma desean.

Y es que, sin mediar motivos ni razón, nuestro protagonista busca una historia, ese algo que pueda plasmar con tinta en el papel para consolidarse dentro de la comunidad literaria como el escritor que desea ser, a cambio de un precio que creyó ser bajo, recopiló vivencias que lo llevaban a bares de mala muerte manejado por un hombre sin respeto por la vida, hasta la intimidad de extraños.

Con una fotografía básica, edición y efectos que demuestran la inexperiencia de Nolan en aquel momento; la fuerza del filme recae en su guion, presentándonos un relato anacrónico que recalca la meta y talento de su director, quedando como una firma, una marca que permanece con Nolan en mayor o menor medida durante sus films, aportando diferentes matices a cada uno de sus proyectos.

Es por la temática monocromática que persiste durante todo el metraje junto con una historia cargada de delitos que se adquiere cierta ambientación de film noir, poniendo en escena claro oscuros que aportan carácter a las diferentes situaciones que ocurren a lo largo de la película, aportando un gran valor a la narrativa de un filme que no obtendría los mismos resultados si el color hiciera acto de presencia.

La satisfacción de ver el inicio de una carrera es el sentimiento que deja este largometraje, siendo un abreboca para los posteriores proyectos de este hoy en día aclamado director, Christopher Jonathan James Nolan, que han dejado una huella en el cine moderno por su realización fuera del standard del Hollywood comercial y aun así atrayendo a las masas a apreciar, lo que yo considero, buen cine.

L.A.E. Off